Hace unos días vino de visita un primo de mi madre, (uno de esos familiares que has visto un par de veces en todita tu vida –bodas, bautizos, entierros…-, generalmente allá en la prehistoria cuando todavía caminabas de la mano de tus padres, y haciendo memoria, vete-tú-a-saber-porqué, sólo recuerdas a quienes metían la mano en sus bolsillos o bolsos para regalarte un par de caramelos).
Tras el clásico “tú no sabes quién soy yo, verdad?” que suele ir acompañado del pensamiento “el caso es que este hombre me suena, será un cliente? el charcutero? un psicópata que he visto en las noticias? alguno de los ginecólogos de las revisiones anuales?...” y el intento de mantener una expresión en la cara que no delate tales divagaciones, se me encendió la bombilla del reconocimiento y le acompañé hasta donde se encontraba mi madre. Café, conversación sobre temas generales varios: Salud, familia, negocios, la crisis…
Y entramos en el tema que le apasiona, viajes y balnearios. Monólogo por su parte:
- A nosotros (su mujer y él mismo) nos encantan los balnearios, cogemos un fin de semana en cuanto podemos y nos escapamos para relajarnos, un relax (suspiro de satisfacción). Hemos ido a todos, Lobios, Allariz, Laias, algunos en Portugal…, y es que te metes allí, en aquellos circuitos de aguas termales (suspiro), las piedras calientes, las piscinas de libre acceso y las de recorrido limitado con sus chorros de agua fría, los masajes (suspiro), los asientos de cantos rodados, los chorros (mmm, otro suspiro? sí, por supuesto), las bañeras de burbujas, las faunas más calientes y las faunas menos calientes…
Y yo, que soy cortita y me cuesta pillar algunos temas o se me va la mente a otros que no tienen nada que ver con el asunto me quedo pensando, a ver, que debe reunirse allí una fauna de lo más variopinta, sí, pero se refiere a que la peña anda caliente por los calores de aguas termales o es más un calentamiento sexual?
Ah, saunas, habla de saunas…
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Ay las faunas!
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