miércoles, 14 de enero de 2009

No puede ser (I)

El sábado fui de rebajas con mi madre al Dolce Vita de A Coruña (*) y las dos gastamos lo justo y necesario, ni más ni menos.
Como solemos comprar en centros comerciales que no nos quedan cerca de casa, me gusta comprobar detalladamente los artículos en los comercios para no tener que volver otro día a devolverlos o cambiarlos y perder "la ganga" en carburante para el coche.
Suelo fijarme en que las prendas tengan todos los botones y uno más de repuesto, en que el aparatito de seguridad no haya dejado agujero, en que no haya manchas raritas ni descosidos permanentes..., escojo el calzado que no ha sido probado, el de dentro de su caja correspondiente y no el de exposición, el que no tiene roces ni pegotes de cola u otros desperfectos...

Entre otras cosas, yo me agencié unas botas marrones de piel divinas-preciosas-fashion-megacómodas. Y el domingo, al desembalarlas para guardarlas, descubrí que me había traído las dos del mismo pie...



(*) Sigo preguntándome cuánto habrán notado en nivel de ventas en el Parque Principado de Oviedo la apertura de As Termas en Lugo, primero, y el Dolce Vita en A Coruña después.

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